Probablemente no soy el copywriter que estás buscando.
Mi cerebro se obsesiona con cosas que cualquiera pasa por alto.
Como un puto píxel.
Un solo píxel que casi se carga un contrato de cinco cifras.
Estábamos cambiando la web de la empresa y mi jefe rechazaba las pruebas de pantalla una tras otra: estaba todo lo que había pedido, exactamente como lo quería, pero algo le chirriaba y no sabía qué era.
La agencia defendía su trabajo y las iteraciones ya se habían comido el presupuesto, pero él insistía hasta que hubo roces serios y palabras de rotura de contrato.
El día que me llamó para verlo con ojos frescos, le dije lo que veía mientras me sentaba, sin que nadie me avisara de nada:
“Eso está desalineado por la derecha”.
El diseñador había metido dos guías con un píxel de diferencia: la mitad de los botones se alineaba con una y la otra mitad con la otra.
Un uncanny valley de libro que la agencia entera no vio.
Los cerebros como el mío tienen nombre. Y tienen fama de ser “raros”.
Tengo un cerebro Asperger.
Y es con el que escribo tu copy.
Soy Miguel Ángel.
Si has llegado aquí buscando al típico copywriter creativo que espera a que le llegue la inspiración, cierra la pestaña y sube el rebote de mi web.
No trabajo con intuiciones.
Trabajo con algo más útil: una obsesión clínica por entender por qué la gente compra.
Mientras otros copywriters aprendían copy, yo lo desmontaba. Tomaba apuntes, buscaba mecanismos, miraba por qué esta frase empuja y esta otra no, qué patrón se repite en los textos que venden, qué parte es ruido y qué parte mueve la decisión, dónde se rompe el mensaje y por qué el lector se va.
Eso no se aprende solo en cursos. Se ve cuando tu cerebro está cableado para buscar estructuras en todo lo que lee y en todo lo que ve. A mí me tocó uno de esos.
¿Y el copy emocional?
Ahí es donde más se nota la diferencia.
No lanzo frases “poderosas” a ver cuál cala. Cada palabra tiene una dirección.
Si algo te toca, no es casualidad: hay una intención trazada detrás con la precisión de quien diseña un motor, no de quien pinta un cuadro.
No siento las emociones como tú. He aprendido a diseccionarlas por pura supervivencia.
Empiezo la carrera con ventaja.
¿Cómo es trabajar conmigo?
Hiperfoco total cuando hace falta, cero paciencia para la teoría vacía, y una capacidad casi incómoda para ver lo que falla en un mensaje antes de que nadie más lo note.
No hago copy bonito.
Hago copy que funciona incluso cuando no tienes un buen día.
Porque el mío no depende de la inspiración.
Depende de la
estructura.
Si esto te genera más curiosidad que dudas, tienes dos opciones.
En cualquier caso, ya sabes cómo trabaja este cerebro.
Lo que decidas hacer con esa información es cosa tuya.
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Si tu copy no convence, prueba a aplicar lo que hay dentro.